Cómo arranca
La pantalla tiene tres partes: la galleta gigante a la izquierda, el centro donde aparecen tus edificios y la tienda a la derecha. Cada clic suma una galleta. Con quince comprás el primer cursor, que hace clic por vos, y a partir de ahí el juego cambia de tono: ya no importa tanto tu dedo como lo que invertís.
La primera hora
En la primera hora vas a comprar abuelas que hornean, granjas, minas y fábricas, cada una más cara que la anterior. Aparecen galletas doradas que flotan unos segundos y dan bonificaciones si las agarrás a tiempo. El número de galletas crece tan rápido que pronto deja de tener sentido leerlo, y ese es parte del chiste.
Lo que engancha
La sensación de que siempre hay una compra a un paso. Los textos de noticias que corren arriba, cada vez más delirantes. Y una capa más profunda que aparece después: reiniciar la partida a cambio de mejoras permanentes, que vuelve a acelerar el ciclo.
Lo que conviene saber
Es un juego para tener abierto en una pestaña, no para jugar mirando la pantalla. La partida se guarda en el navegador: si borrás los datos del sitio la perdés, así que conviene exportar el guardado de vez en cuando desde las opciones.
Para quién es
Para quien disfruta ver números que crecen y prefiere un juego que avanza aunque no lo mires.
En pocas palabras
Simple por fuera y sorprendentemente pensado por dentro. Probalo un rato a la mañana y fijate cuántas veces volvés a la pestaña durante el día.
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